Parece que las emociones se me han ido, hayan huído al ser mis cómplices en la vida.
He llegado a un punto donde sé exactamente que quiero y qué estoy dispuesta a hacer para lograrlo y que definitivamente, no. Pero, no sé cómo ejecutarlo.
Se fueron mis emociones por unos días de vacaciones, pero me queda el miedo. Tengo miedo, mucho miedo. Pero en una forma positiva.
El miedo siempre ha sido catalogado como ese sentimiento negativo del que uno debe huir y bloquearlo. Pero no, resulta que el miedo es el sentimiento más certero del ser humano.
Si estamos alegres, todo lo vemos con buenos ojos, tristes, con rabia, manipulamos las situaciones, pero el miedo nos hace movernos. El miedo en mi caso, significa que estoy haciendo algo muy bien, tan bien, que cuando todo se va dando el pánico de no saber controlarlo o de creerlo imposible y fué posible, llene mis venas.
En este caso en particular, la vida te va dando las respuestas y el miedo el empuje.
Hay cosas que me sorprenden todos los días y saber que todo lo que has planeado salió completamente disparatado y esa frase que dice "el tiempo de Dios es perfecto" tengan tanta coherencia y exactitud hace que el pánico mueva los planes una y otra vez.
No hay persona que haya dicho que antes de que algo maravilloso vaya a hacer haya sentido el miedo más salvaje de este mundo. El problema es cuando el miedo en vez de lanzarte a hacer cosas espectaculares, te cohiba. Ahí, lo pierdes todo.
Cuando uno siente ese miedo en el estómago de seguir a cabo con un plan es porque sabes que en el fondo puede salir tan bien que de pronto no sepas manejarlo. Pero cada cosa a su momento y no hay nada para lo que no estemos preparados.
Hay que ser osados y dejar que el pánico nos invada y nos hable y nos diga que seremos unas falsas arrepentidas si por lo menos no lo intentamos. Porque de pánico se creó la vida, el amor y las experiencias.
Yo sigo con mis miedos porque sé que voy bien y jamás en la vida he sentido tanto pánico como ahora. Algo me dice que ese sentimiento no se va a ir por ahora, que vino a quedarse y recordarme que para que logre lo que alguna vez sentía lejano, debo sentir el pavor característico de una victoria anunciada.